Les mando inundaciones y huracanes para que frenen el avance tecnológico desmedido e incontrolado y ni caso. Les mando una pandemia de coronavirus para que entiendan que la salud es más importante que el dinero y ni caso.

Luego dirán que les tengo abandonados. Luego dirán que les he dado la espalda.

Cada decisión que tomo es minuciosamente meditada. Cada vez que hago algo por la humanidad, ellos son los que me dan la espalda. Y a la iglesia, que no me importa tanto porque ya sabemos que son “un poco aprovechados”. Me importa más que den la espalda a la Iglesia, o sea, a ellos mismos, a la comunidad, a la sociedad, a la humanidad. ¿Cómo los humanos no les importan a los propios humanos?

No puedo creer que sigan siendo los humanos que yo creé a mi imagen y semejanza. Ni siquiera creo que deban seguir llamándose humanos. Les dejo el libre albedrío, un paraíso entero para ellos… ¿Y en qué lo convierten?

“Desde ahí arriba es mucho más fácil decirlo” dirán algunos. “Yo en tu posición lo haría mejor” pensarán otros. Excusas e insensateces. ¡Quieren ser Dios!

Algunos creen que su dios es terrenal o que ellos mismo son un dios. Eso me enfada mucho, me devuelve a mis tiempos antiguos. Luego pienso en Jesucristo y como cambió todo mientras vivió.

Mira ese humano de ahí, ese del gran edificio vacío. Le han dado poder, le adoran y le alaban. ¡Yo os cree sin pertenencias! ¡Todo os pertenecía a todos! ¿Y qué habéis hecho? Repartirlo de forma irregular. Unos dan tanto. Tanto tiempo. Tanto Esfuerzo. Tanto por nada. Un cacho de producto material. Un cacho de plástico, un poco de piedra. Y con ilusión dan todo ese esfuerzo y tiempo a otra persona, para que acumule el paraíso que creé. Y vosotros con un cachito de él, cada vez más pequeño. Más encerrados. Encerrados en creer que así pueden alcanzar la felicidad.

Mira esa anciana sola en su pequeña casita. Es feliz solo con que le llamen sus hijos, pero esa llamada no se produce. Sus hijos están ocupados en usar su tiempo a cambio de material. Un precio muy alto el que pagan por ese material. Su vida.

Y ahora esa anciana que se siente sola pero le consuela el hecho de que sus hijos estén viviendo su propia vida. Lejos de ella. Tanto les dio y ahora en sus últimas, les resulta una molestia. ¡No puede casi valerse! ¿Cómo creen que nacieron? ¿Con todo aprendido?

Qué injusticia acometen contra los débiles. Contra todo lo que sale de la normalidad. ¿No creen que si quisiera que existiera la normalidad los habría dotado de diversidad? Hubiera programado copias exactas y tendrían su aburrido mundo al que muchos anhelan. Ceñirse a normas inexistentes creadas por ellos mismos en un abuso de influencia contra los demás.

Y hablando de paraíso, poco queda de él. Todo lo han transformado en materia gris, que es como llamo a sus ciudades. A veces, me da por mandarles incendios para que aprecien que los bosques son más importantes y ni caso. De ello lo único que han sacado es que así pueden crear más materia gris. ¡Esto es un sinsentido! Incluso crean sus propios incendios porque odian mi creación. Es muy triste.

Creen que humanos a los que llaman hechiceros pueden cambiar su destino derramando un poco de sangre de otros animales. Triste porque los hechiceros son autoproclamados, yo nunca hice a ningún humano más poderoso que otro. El poder ha sido creado por ellos mismos ¡para aprovecharse los unos de los otros!

Otros humanos que se llamaron a sí mismos “de sangre azul”, utilizaron ese invento, el poder, para que otros trabajasen duro por ellos y almacenar mi preciosa creación en arcones. Todo el mundo debe trabajar duro, para conseguir la satisfacción y bondad de la vida. ¿Por qué creías que tantos “nobles” mueren de tristeza o de desamor?

Entre ellos han impuesto el utilizar otros animales como si fueran malvados, pobres mis criaturas, como si fueran peligrosas para su existencia. ¿Pues no ven que es todo lo contrario?

Dragones, leones y cocodrilos puestos a vigilar “doncellas” deprimidas y encerradas por algún triste acaparador de material que cree que también puede almacenar personas como si fueran material también. ¡¿Qué más podemos esperar de ellos?! Esperando a un Sant Jordi o cualquiera de esos caballeros para que les salve de esos animales. Cuando el animal más peligroso es de su propia especie.

Y ahora se encierran ellos mismos, entre cuatro paredes y un techo, rodeados de materia gris. ¿Para qué? Para vivir en un mundo inventado por ellos, el mundo virtual. Ni siquiera quieren vivir ya en el paraíso que les di porque lo han destruido tanto, han destruido tanto a los seres que lo habitan, se han destruido tanto a ellos mismos que no pueden aguantar en lo que han convertido el mundo.

Espero que esta pandemia les sirva de lección, que se acerquen más a Dios a partir de ahora. Y si no a mí, a la religión como inicialmente la cree. Limpia de la distorsión humana. Donde lo importante es cuidar del paraíso que les di y las criaturas que lo habitan. Donde puedan vivir felizmente, lejos de enfermedades de la mente.

Son demasiados años de humanidad, su pasado les pesa demasiado. Han tenido demasiado tiempo para deformar el edén, incluso creen que ya no existe porque les expulsé de allí. ¡Será posible! Vosotros os habéis expulsado del edén convirtiéndolo en algo irreconocible.

Demasiados errores arrastrados, el pesimismo abunda. Piensan que es demasiado difícil nadar a contracorriente. Que deben dejar todo fluir, pero no dejan fluir la naturaleza. Solo dejan fluir los cambios que producen sobre ella. Hasta que un día no quede ya.

Solo en algunos momentos, cuando una persona se emociona al ver una flor abrirse por primera vez o se paran a contemplar un arcoíris durante una fina llovizna con el Sol fuera, solo entonces pienso: hay esperanza.

Solo en esos momentos en los que la felicidad es pura y no es producto de su realidad distorsionada.

Bases del OrigiReto2020:

La pluma de Katty

Solo un capítulo más

Objetivo: 3- Escribe una historia centrada en la religión.

Objetos: 3. Un arcoiris y 21. Sangre Azul

Palabras: 1020

Cuentos y leyendas: D- Sant Jordi.

Criaturas del camino: II. Brujas-hechiceros.