Antes de empezar esta historia debes saber unos datos básicos sobre mí. Para empezar, te diré que mi nombre es Ruth. Al menos aquí me llaman así. Aunque mi nombre completo es Ruth Elizabeth. En este momento tienes una ligera idea de que podría ser latina con ese nombre. Iré más allá y te diré que provengo de una isla caribeña. Y para que te hagas una idea de mi edad aparento cerca de 30 años pero aún soy joven. En dos meses cumplo 27 años.
Puede que el sufrimiento me haya hecho envejecer más rápido que los demás en estos últimos tres años. O puede simplemente que haya pasado el límite de la juventud de los 25 y la gente ya redondee por arriba a los 30. Me gustaría pensar que sea lo segundo.
Puede que en estos momentos ya tengas una idea de cómo soy físicamente. Pero por si aún te lo estás preguntando soy alta, pelo rizado color azabache, la piel de caramelo y unos ojos marrones normales y corrientes.
Y aunque puedas pensar lo contrario por ahora, te digo, para que lo tengas en cuenta desde ya, que me considero española y he sido criada toda mi vida en este país y he tenido una educación española. Estoy orgullosa de mis raíces pero su cultura no es la mía, puesto que nunca he vivido allá y, por tanto, no conozco sus costumbres ni forma de vivir.
Queda una semana para el primer aniversario con mi pareja, Adrián, y no sé qué regalarle. Quiero hacer un buen regalo, currármelo, no solo porque sea nuestro primer año sino por todo lo que ha hecho por mí desde que me conoció. Lo mejor será que le cocine algo especial y le regale una corbata. Es simple pero funcionará, estoy segura de que le gustará.
Adrián es la cuna de mi estabilidad. Le tengo cariño y aprecio, y por qué no… le quiero. Llegó a mí en el momento indicado, de la manera indicada. Apenas me pude resistir. Algo en su torpeza y en su semblante me agradaba, pese a no ser realmente bello. Ni encontrarle atractivo en realidad. Pero el amor demuestra que no todo está en el físico y supera esa clase de barreras, en Adrián he encontrado a alguien que me trata con cariño y que está tanto en las buenas como en las malas. Y eso me parece más importante.
En la última llamada con mi padre (él hace años se volvió al otro continente, pero no diré mucho más para no enrollarme) me ha dicho que mi tía Yanely se ha establecido hace una semana en mi ciudad. La tía Yanely es la hermana mayor de mi padre. Y recuerdo verla en contadas ocasiones más de pequeña, me causaba pavor. Con sus rituales y su palabrería, incluso intento echarme algún conjuro. Además que solo de verla ya causaba miedo. Ataviada con plumas y pieles, la piel oscura y arrugada y muy maquillada.
Cuando venía mi tía a mi casa podía sentir la tensión en los ojos de mi madre que me miraban miedosos con atención. Y yo me aferraba a su mano siempre que podía por miedo de que me raptara. Con los años me di cuenta que la tía Yanely tenía muchas peculiaridades pero no tenía por qué tenerle miedo.
Así y todo, me hacía muy poca gracia tener que ir sola a visitarla a su casa. Pero no tenía más remedio, mi padre me había pedido que fuera a darle la bienvenida y a ofrecerle mi ayuda en lo que necesite. De hecho se había adelantado a decírselo antes de que yo aceptara. Ojalá pudiera ir con Adrián, pero le era imposible por su horario laboral.
Tendré que ir yo sola.