Cuando Lluís se pone en ese plan me pone muy nerviosa, me vienen centenares de pensamientos a la cabeza pero ninguno logra salir por mi boca. Siempre ha tonteado conmigo, pero desde que tengo pareja las “bromas” van mucho más allá.

No me produce ninguna confianza.

No solo no me produce confianza sino que estoy segurísima de que solo me traerá cosas malas. El problema es que me atrae mucho. Su físico, su inteligencia, su picardía, su sonrisa, como me mira, como me habla,… ¡Pero qué hago con él! No es lo que realmente necesito. Me llevaría a la locura. No es bueno para mí, no.

Adrián tiene todo lo que a él le falta. ¡Si pudiera hacer uno entre los dos! Qué perfecto sería. Pero no puedo.

Cuando llego a casa, dejo la vela en la mesa de la salita y preparo la comida. Cuando llega Adrián, voy a recibirle con un beso.

— ¿Cómo te ha ido la mañana, amor? — le pregunto.

Adrián empieza a quejarse de toda la plantilla de su empresa, haciendo hincapié en su jefe más inmediato. Va hasta el comedor dejando un rastro de ropa que voy detrás recogiendo. Y se queda frente la vela parado mirándola.

— ¿Ocurre algo? — le pregunto posando mi mano su hombro, el cual reacciona dando un salto inesperado como si no me hubiera oído dado a su abstracción por la visión de la vela.

Se gira hacia mí.

— ¿La vela? Me la ha dado mi tía — empiezo a explicar.

— ¿La hermana de tu madre?

— No, de mi padre. Una bruja, literal.

— ¿Qué dices? ¡Qué malfario! Saca eso de aquí.

Frunzo el ceño y Adrián reacciona rápidamente abrazandome y diciéndomeque no va a ser superticioso.

No me queda otra que aceptarle, por el bien de mi tranquilidad.

Adrián