Estoy en una cueva con pinturas bastante rudimentarias de color granate o marrón, no lo veo bien por la poca luz que hay. Tengo miedo porque la bestia acecha. No se donde esconderme… Observo más de cerca los dibujos mientras voy adentrándome al interior de la cueva. No entiendo muy bien los dibujos pero supongo que son sobre la bestia, alguna clase de historia o advertencia sobre ella. Al fondo dela cueva me encuentro una vela roja. Al verla me acuerdo inmediatamente de la tía Yanely. ¡Claro! Es su vela.

Y ese fue mi sueño en la noche de nuestro aniversario. Un poco extraño ¿verdad? ¿Quién era la bestia? ¿Qué tenia que ver mi tía y la vela que me dio en todo esto?

— ¿Lo de siempre, Ruth? —interrumpe mis pensamientos.

— Sí, gracias Lluís.

— ¿Qué tal fue anoche?

— ¿Anoche? —respondo pensando en mi sueño.

— Vuestro aniversario, ¿o es que no lo celebrastéis al final?

— Ah, sí claro, nuestro aniversario…

Sí, andaba algo distraída y Lluís no paraba de preguntarme por anoche: qué hicimos, dónde fuimos, qué tal fue,… No me apetecía mucho hablar de anoche.

Anoche Adrián y yo, en realidad, discutimos.

“Ten paciencia” recibo un mensaje de mi padre.

¿Ten paciencia? Eso era lo que me había dicho mi tía… Y ahora ¡mi padre! Seguro que es cosa suya, mi tía siempre se las ingenia para aterrorizarme.

Llego a casa con la vela en mente, tenía que encenderla y que pasara lo que tuviera que pasar. Pero al llegar a casa la vela no está. ¿Qué ha pasado con la vela? Me está entrando mal rollo de pensar que le haya pasado algo a la vela. Espera… Adrián… ¿no habrá sido capaz de deshacerse de ella?¡Espero que no esté ya en un basurero!

Llamo a Adrián pero me jura y perjura que no la ha tirado a la basura. Con un presentimiento, voy a casa de mi tía. Quien para mi gran asombro me espera a la puerta con una vela roja en la mano.

— No la vuelvas a perder o perderás algo más importante.

Con mil escalofríos por el cuerpo, cojo la vela rápidamente y mela llevo a casa, donde la pongo en un sitio despejado de la casa. Y con el pensamiento de que algo cambie, la enciendo.

Pero en cuando llega Adrián volvemos a discutir. No porque haya algo de lo que discutir realmente, sino porque me siento mal y quiero desahogarme. Hacía ya tiempo que no lo hacía, pero había vuelto a las andadas.Y esta vez Adrián, muerto de estrés, cede ante mis ataques y sucumbe a un eterno debate sin sentido.

¿Qué quiero?

Es verdad que él es mi estabilidad, que tiene todo lo que puedo pedir. Menos lo más importante y es que no me gusta. Le tengo aprecio, sí, pero no me gusta y sé que jamás le amaré como a mi pareja. Todo esto ha sido un sinsentido de intereses por ambas partes.

¡Qué triste el momento que te das cuenta que tu relación amorosa está terminada!

Le envio un mensaje por chat a Lluís:

Ruth: Hemos vuelto a discutir (emoticono de llorar)

Lluís: Vas a dejar de una vez a ese imbécil.

Ruth: No. (más emoticonos de llorar)

Lluís: A ver, pero ¿por qué no le dejas? Sabes de sobra que nunca te hará feliz.

Ruth: Pues por que tampoco me hace más desgraciada de lo que ya soy.