Alicia me había hecho olvidarme de todo. Una lágrima de emoción recorre mi cara. Era ella en carne y hueso. Me hacía recordar otra época, la época antes de mi depresión, cuando era joven y feliz y vivía sin preocupaciones. Antes de la muerte de… mi madre. Aunque aun me cuesta decirlo, he de ser abierta con ello. Eso es lo que me han dicho siempre los psicólogos.

— Hola… ¿Ruth? —finalmente me reconoce y cambia su sonrisa por una expresión de extrañeza.

— Hola —digo con cierta vergüenza de mi pésimo estado.

 Intento ir a una mesa pero Alicia me para el paso.

— Ruth, espera. —sigue interponiéndose. —espera.

Entonces me doy media vuelta para irme pero me sigue llamando. Todo esto con toda la cafetería mirando, supongo. Mi corazón se había encendido pero se habían reabierto muchas heridas. En el último momento, antes de salir por la puerta me giro.

— ¿Enserio? ¿Espera? — me giro dejando ver mis lágrimas.

— Ruth… —dice suavemente Alicia.

— ¿Qué quieres de  mí?

— Por favor, siéntate a hablar un momento. Le dire a mi compañero que se quede un poco más por mí.

No sé ni cómo pero finalmente accedo a su petición y me siento en la mesa para hablar con ella. ¿Y quién era ese compañero del que hablaba? Sí, me había olvidado de Lluís por completo. Quien se pone a atender mesas de mala gana mientras mira a Alicia hablar conmigo con desconfianza.

— ¿Por qué me sigues evitando? Han pasado un montón de años.

Yo me seco las lágrimas que habían empapado mi cara pero que ya estaban cesando.

— ¿No es bastante obvio el por qué?

— Ruth, lo siento mucho. De verdad… Eramos muy jóvenes, no pude hacer más. Era una situación difícil.

— ¿Es que nunca se te acaban las excusas?

— Escucha, lo siento mucho. Ruth. Lo siento. He cambiado. Por aquel entonces tenía miedo, pero me fugué y dejé de depender de mis padres. Ahora soy tatuadora y aunque ya no me hablo con mis padres, me mantenía fuerte pensando en un día volver a verte.

— ¿Quiere eso decir que has estado sola todo este tiempo?

— Eso quiere decir que no he vuelto a amar en todo este tiempo. Acaso ¿tú has vuelto a querer a alguien como nos quisimos? —se hace un silencio— lo siento, es impertinente pero es necesario. ¿Lo has hecho Ruth?

Entonces mis lágrimas vuelven a brotar y ella me las seca con dulcura.

No aguanto más la situación por lo que me levanto y me voy a casa. Con Alicia detrás llamándome.

Alicia fue mi único verdadero amor, mi primer amor en la adolescencia. Y después de todos estos años sin saber nada la una de la otra, más que de algún cotilleo casual en las redes sociales, resulta que había estado de lo más cerca. En mi cafetería de siempre.

Hundo mi cara entre mis manos. Y dejo que mis ojos derramen lágrimas que desbordan mis manos cayendo al suelo. Con lo que Adrián sale de la habitación y viene a abrazarme dulcemente y a acariciarme la cabeza.

— ¿Qué ocurre, amor?

— Adrián —levanto la cabeza— no podemos seguir juntos.

Y ese ha sido el final de la relación más larga que he tenido.