Poco a poco hemos recobrado nuestra relación y sanado nuestras heridas. Y me he ido a vivir con ella. Mi estado de salud ha mejorado mucho y he vuelto a trabajar, me siento motivada y con ganas de hacer cosas. Desde entonces en nuestra humilde morada no falta nunca una vela roja que alumbre nuestro amor, por siempre o por los años que tenga que durar. Felizmente.