Lluvia sobre el altar. Una fina llovizna que lentamente empezaba a calar sobre nuestros aventureros. En el mundo de las bestias, cerca del reino de los orcos, La’Cand, en el antiguo altar del dios Krap, yacía el cuerpo de Kert. La pantera antropomórfica que había acompañado a Dragtar en tantas y tantas aventuras y que ahora restaba sin vida, en el suelo del altar.

El altar está decorado por las esculturas de las múltiples formas del dios Krap, con distintos símbolos en las columnas y el suelo que se unían y fusionaban en el centro del altar, donde habían depositado el cuerpo de Kert. Del suelo había crecido la maleza hasta ocultar parte de los símbolos.

Dragtar Enfin, el famoso mediano explorador, y un chamán que le costaba carísimo llamado Olot observaban la pantera muerta. El mediano observa nervioso, inquieto, como el chamán coge su cetro y se acerca lentamente al cuerpo de Kert. A Dragtar, le gusta las cosas hechas al momento y el pequeño Olot le estaba sacando de sus casillas con su lentitud. Pero como sabía que era el único que podía realizar una cosa así, al menos por aquellas tierras, tenía que aguantarse sus quejas y respirar hondo para tranquilizarse.

El dios Krap, conocido por dar segundas oportunidades a las bestias, tenía que ceder ante la petición del chamán de dar una segunda vida a Kert.

Olot deja su saco en el suelo del altar y la tela cae al suelo dejando ver unos libros viejos escritos en distintos idiomas, al menos las cubiertas. Coge uno que tiene una letra del alfabeto griego, la omega: Ω. Lo vuelve a meter y saca otro libro, con un antílope dibujado en dorado en la portada. Lo vuelve a meter y saca un libro, finito, casi como un libreto, con la cubierta negra y un ojo rojo que emana luz.

Dragtar mira ahora atento al libro, casi hipnotizado por el ojo rojo. Olot lo abre y empieza sus cantos a Krap. Lentos y graves. Cogiendo fuerza a cada página que pasa. Haces de luz salen del ojo que sale del libro dejando una profunda oscuridad en el libro. Sin cerrar el libro, lo deja en el suelo. Coge su cetro y de un único y certero golpe manda el ojo al cuerpo sin vida de Kert. El cuerpo absorbe el ojo en su oscura piel negra. Mientras el chamán había sacado una flauta, la cual ya estaba tocando. Llenando el sitio con su música.

Entonces mueve un dedo de su pata y paulatinamente va desentumeciendo sus músculos dotándoles de movilidad. Kert había resucitado. Pero nadie en el lugar estaba sorprendido.

­—Corta el rollo Olot —dice Dragtar señalando su flauta— Kert, amigo, me alegro de verte.

—¿Puedo? —responde Kert mirando a Olot.

—No puedes, tenemos prisa.

Dragtar le suelta un saquito con monedas de oro al chamán, da media vuelta y sin decir nada más se pone en marcha. Kert le sigue mientras se despide con la mano de Olot que tocaba la flauta. Su feroz rostro de pantera ahora se asemejaba a un lindo gatito negro. Daba ganas de achucharlo. Aunque aún estaba un poco torpe por la resurrección, no vuelve uno todos los días del más allá, había despertado bastante rápido y ya podía caminar para seguir a Dragtar en su cometido.

El explorador insistía en que tenían prisa por llegar. La pantera avanzaba tranquilamente de dos zancadas lo que al mediano le costaban cinco. Así, hasta que llegan a un poblado de bestias. Entran en una taberna, pobremente iluminada, lúgubre y maloliente.

Rebuscando entre la gente, dan con ella. Su refinada figura esbelta, se podría decir que más musculada que el resto de su especie, y tez pálida, pero no tanto como cabría esperar de una elfa como ella, destacaba de entre las demás bestias.

— Naxen, estamos listos. —se dirige Dragtar hacia la elfa que tenía delante suya.

— ¿Por qué habéis tardado tanto? —dice una maga a su lado, Lady, algo molesta.

— Es una larga historia. ¿Quién falta a la fiesta? —responde Dragtar.

Entonces entra por la puerta de la taberna una ondina.

— Me apunto a la próxima expedición que realices, no importa el lugar, Dragtar.

— Pues estamos todos —sonríe Dragtar mirando a Kert, cuya sonrisa ocupaba toda su cara, haciendo brillar sus colmillos, que conjuntaban con sus brillantes ojos, siempre brillan en la oscuridad de un amarillo verdoso. —me encanta, somos como una bonita familia ¿verdad? —se ríe de buena gana y abraza a Naxen que pone los ojos en blanco, pidiendo paciencia a su dios para no degollar al mediano.

Kert mueve la cola alegre, cual perrito.

—¿Fa-familia? —murmura Niyati, la ondina estupefacta y desconcertada por tan rápida aceptación.

Pero el murmuro queda para ella, pues nadie más parece haberse percatado.

—Marchemos, pues. —se dispone Dragtar junto con Kert pero el resto no le sigue.

—Medio cobro por adelantado, sabes cómo funciono. Dragtar. —le para la guerrera Naxen sin moverse del sitio. Lady y Niyati observan la situación precavidamente.

— No me das ni un respiro, Naxen. —se gira Dragtar, riendo aún. —vamos a mi morada y os daré lo vuestro, así os muestro nuestro próximo objetivo, un valioso tesoro que… bueno, no quiero adelantar mucho. Mejor hablemos allí de ello.

Así es como se reunieron nuestros aventureros para su próxima andanza. Un explorador, una elfa guerrera, una maga y una ondina hechicera. Una rara mezcla que el destino había unido para cubrir los muchos caprichos de Dragtar y aumentar su fama de explorador.

Una vez, en casa del mediano. Se repartió el dinero y Dragtar procedió a explicar con la ayuda, o desayuda, de Kert, la aventura a las tres mujeres que aún contaban el dinero que se les había propiciado a cambio de aguantar al afamado explorador.

Sin más dilación, su próximo objetivo, se trata de… un botijo maldito. Por el que tendrían que rodear el reino de los orcos, La’Cand, hasta llegar al oeste del continente, la Tierra Madre, donde la vida empezó.

Bases del origireto:

La pluma azul de Katty
Solo un capítulo más        

Objetivo usado en el relato: 7. Escribe un relato que no suceda en la Tierra. Debe especificarse, no es válido si no se concreta dónde está sucediendo.