En Dramade, empiezan a caer unos copos de nieve. Poco a poco los copos van formando un manto blanco, que cubre las ciudades por primera vez en siglos.

En un pueblecito de la periferia, Cusco Bregdil se ha unido a la tropa Agranesa, dispuesto a batallar por la conversión de la gente a la adoración de la diosa Agrana. Se trata de un mago poco poderoso, producto de la gran última expansión de la magia, que había resultado en gran cantidad de magos mediocres que no sabían utilizar bien su poder.

Cusco se encuentra una congregación de gente causando un gran barullo en la zona oeste del pueblecito. Intenta adentrarse a la muchedumbre cuando un enano le empuja por detrás haciéndole salir a la primera fila. Repentinamente el alboroto cesa. Cusco mira hacia la gente sin darse cuenta de que el predicador Thelun junto a sus sacerdotes de la guerra habían llegado. No se sabía muy bien qué clase de ser era Thelun. Siempre vestía con túnicas blancas que contrastaban con su tez negruzca. Su piel era rugosa y pringosa y su faz no muy agradable de mirar. En los últimos días había conseguido que los Agraneses le siguieran en su batalla contra las religiones.

Thelum mira a Cusco, el cual vuelve a incorporarse entre la multitud, pese a no poder esconderse por su gran tamaño.

—Agrana estará muy contenta de veros —empieza su discurso Thelun, cuya voy se asemeja al seseo de una serpiente. — Hoy habéis dando un gran paso uniéndoos a la tropa. —Continúa hablando mientras se pasea por delante de la muchedumbre— Los Tarfereños os dirán que lo importante es mantener la paz entre las poblaciones. Los seguidores de Minhice os dirán que no hay que imponer una religión. ¿Queréis saber cuál es la verdad? Los Tarfereños dominan el comercio y la riqueza y los Minhiceros son una religión segregadora, solo puedes seguir a Minhice si eres ¿qué? ¿Puro? Yo os digo que a  la vista de Agrana todos sois puros. Adorad a Agrana y ella os dará lo que merecéis. Mirad como ha cubierto todo de blanco para nosotros. ¿Habías visto nunca algo así? Ella tiene ansias de crecer y expandirse, y se lo daremos…

— ¡Gra! ¡Gra! ¡Gra! —empiezan a gruñir como bestias, incluido el joven Cusco.

La tropa marcha del pueblecito, siguiendo a Thelun quien se movía como una sombra en la frondosidad del bosque. En contraste, la tropa era escandalosa e iba rompiendo todo a su paso. Iban por los pequeños pueblos atrayendo a la gente a unirse. La meta era Gargam, la ciudad más importante del territorio.

Al llegar a Gargam, días después, entran al grito de “Gra” y la gente huye, otros se unen. La ciudad en pocos segundos se convierte en una ciudad fantasma invadida por los adoradores de Agrana. Pocos son los que se atreven a enfrentarles, pues nunca había habido una guerra entre religiones, es decir, tan multitudinaria. Algún Tarfeño orgulloso aun intenta salir a conversar y hacerles entrar en razón.

— ¡Mirad las ropas del Tarfeño! — Grita seseando cual serpiente Thelun —mirad que hilos más finos y que colores más vivos. Mirad las piedras preciosas que lo decoran. Éste Tarfeño se aferra a su estatus ¡a su dinero! ¡NO A SU RELIGIÓN! —De la gente brotan carcajadas. Mientras los cristalitos de nieve vuelven a caer para posarse sobre sus ropas, ya mugrientas del viaje hasta Gargam. — Ahora os pido que apreséis con magia a todos aquellos que no tengan la marca negra.

— Gra, gra, gra… — siguen gritando las bestias mientras se quitan la nieve de encima.

Entonces la gente se dispersa por todo lo grande que es Gargam. Y Cusco se queda en medio.

— ¿Qué haces? — le espeta un semiorco con voz grave y ronca — ¡Venga, a por ellos!

Cusco empieza a correr sin saber a dónde va. Entonces observa a la gente metiéndose en casas ajenas y trata de hacer lo mismo en la primera casa que le parece adecuada. Una casa no muy grande, que no imponía nada a Cusco. Realmente era pequeña y humilde por pertenecer a propietarios minhiceros.

Cusco intenta mover con magia el cerrojo desde fuera pero hay un hechizo más fuerte protegiendo la entrada. Al no saber muchos más hechizos éste se decide a tirar la puerta abajo por la fuerza. La puerta cede sin problema cayendo sobre la persona de detrás que lo último que esperaba era que se le cayera la puerta junto a un fornido humano encima. Al apartar la puerta ve a un gnomo anciano aplastado. Cusco entra en shock al ver entrañas y huesos salir del hombrecillo. Intenta curar alguna herida pero el aplastamiento había sido brutal y sus conjuros de sanación extremadamente pobres. Un pobre minhicero muerto.

En la siguiente, Cusco decide entrar en una casa ni grande ni pequeña, ni ostentosa ni cochambrosa. Prueba el hechizo del movimiento y parece ser que funciona, esta casa no estaba custodiada por ningún mago, por lo menos por ninguno de gran poder.

Cusco entra triunfal por la puerta y ¡zas! Una flecha atraviesa su pierna, lanzando un grito de dolor busca con la vista al arquero. Quien resulta ser una madre frente a su familia, cuidando el hogar con sus flechas. En esta ocasión, Cusco, prueba a utilizar un conjuro de invisibilidad para obrar con facilidad. El conjuro solo oculta su cabeza aterrorizando a la familia que no entiende mucho el conjuro que ha utilizado. La madre sigue lanzado flechas a las piernas del mago, mientras este se tambalea por la casa desorientado. 

Huye de la casa como puede para quitarse las flechas por las cuales está sangrando, produciendo un reguero de sangre en el blanco manto. El conjuro finaliza y recobra la orientación. Observa como muchas casas tienen cadenas mágicas puestas por los de Agrana. Por lo que intenta poner unas cadenas mágicas a la siguiente casa que se encuentra. Una enorme casa, aparentemente abandonada, que resulta ser la antigua casa de un clérigo tarfeño.

—Graaaa, graaaa… — gruñe valiente nuestro protagonista.

Hasta que se encuentra con unas cien personas en el sótano.

— ¡Está sangrando! — grita una chica desde el fondo.

Entonces se acerca otra chica, del color de la lavanda, con unas espinas que protruyen de la columna vertebral, un pelo morado larguísimo que cubre su cuerpo. Y con una sonrisa le dice “estas a salvo”. Cusco queda prendado de la sonrisa de dientes afilados de la chica y deja que le corte las hemorragias con magia, una magia elegante y distinguida, bien aprendida y perfeccionada. La chica, llamada Empto, hace sentar a Cusco a su lado.

— Este movimiento que empieza en la clandestinidad ¡pronto saldrá a la luz! Hay que esperar el momento indicado.

— Pero mira como están dejando a la pobre gente, está muriendo cientos de seres por las religiones y ya ha llegado la guerra a Gargam. —dice Empto.

— En realidad yo… — dice Cusco queriendo señalar una marca negra en su cara que apenas se veía ya.

—Shh… —le chista Empto. —estás muy malherido, descansa.

Al poner Empto su mano helada sobre Cusco, el corazón de este intenta salirse del pecho.

—Verás, nosotros queremos que no haya ningún tipo de religión por encima de ninguna vida. Por lo tanto, queremos parar la guerra.

La explicación de Empto se ve tapada por tres magos poderosos de la tropa Agranesa que conjuran contra la casa, haciéndola derruir sin piedad y deteniendo aquella reunión clandestina organizada. La gente intenta lanzar sus conjuros de protección, incluida Empto que conjura un escudo para ella y para Cusco. Pero con la casa hecha escombros prácticamente nadie consigue salir.

Empto intenta sacar al máximo de gente posible. Pero Cusco queda atrapado, está demasiado herido para hacer fuerza y es demasiado grande para intentar sacarle. La chica lila saca a la gente hacía la pradera, blanca por la ya espesa capa de nieve, que se encuentra con la parte norte de la ciudad.

Empto ve a Thelun a lo lejos. El ser negro lanza un conjuro a la muchacha, la cual lo para con facilidad. No lo lanza para matarla sino para medir fuerzas con ella.

Unos días más tardes, las ciudades están destrozadas y muchas vidas han sido arrancadas. De hecho el propósito de Thelun de erradicar religiones y ostentar el mayor cargo de una religión se ha hecho realidad. Pero entre el bosque quemado siempre brota nueva vegetación como en la nieve sale la primera flor de la primavera.

Se había creado algo mucho más poderoso que una religión, un movimiento social, no liderado, que mandaba un mensaje claro: Tu vida es más importante que cualquier dios. Un mensaje que se apoderaría de cada vez más gente, como los rayos solares evaporaban la gélida y anómala nieve que había cubierto todo por unos meses.