Kert me había retado a una carrera de resistencia. Lo admito, me he dejado llevar por su “a que no hay huevos”. Pero es que, a ver, entended que soy Dragtar Enfín. No puedo decir que no si me retan, tengo una reputación que mantener. Así que voy a sumar a mi lista de méritos la de ser más veloz que una pantera. Ya que obviamente no puedo ganar por la diferencia de tamaño, tengo buen fondo físico, pero Kert tiene las piernas el doble de largas que las mías. Así que lo justo es que cuente con una pequeña ayudita.

—¿Y eso? —se sorprende mi amigo de verme con una bicicleta Pues no sé de que se sorprende, es lo justo.

—Esta preciosidad va a llevar a la victoria a Dragtar —le respondo mientras me monto en la bicicleta, mirando al frente. Sí, ya puedo visualizar la meta y todo. Veo mi victoria cerca.

Kert se ríe de buena gana, que estúpido es a veces.

—Venga. Preparados… lis… —antes de terminar la palabra ya he salido, pedaleando casi sin esfuerzo adelanto velozmente.

—¡Espérame! —grita Kert desde atrás. Pobrecito, va a perder.

Pedaleo y pedaleo. Entonces, oigo a Kert acercarse por detrás. No llevaba ni cinco metros y me esta cogiendo. Yo si que le voy a coger. Suelto las manos del manillar y salto encima de su espalda en cuanto veo que lo tengo delante. Así no tengo ni que esforzarme, cuando nos acerquemos a la meta saltaré por encima de él y le ganaré.

—¡Dragtar!

Intenta sacudirme de encima, como si yo fuera una pulga. ¡Pero que se ha creído! Trato de desequilibrarme mientras intento no caer yo mismo. Bajo a sus piernas, haciendo que se enrede y caiga de morros. Entonces salto y empiezo a correr. Ahora si que voy a ganar. Le dejo en el suelo y sigo corriendo. Miro atrás y caigo petrificado al suelo. ¿Por qué no puedo moverme? Veo las piernas de Kert correr, pasándome de largo.

¿Estas pensando que Kert me ha petrificado? Te equivocas mucho. Esa bestia no tiene ningún poder más que la fuerza bruta.

Pues nada aquí me quedo.

Pero que es e…uf, se me c… que me p…

Abro los ojos poco a poco. Pero todo esta oscuro, es que no veo nada. No sé qué hay aquí ni donde estoy… ¿Dónde estoy? El suelo está calentito. Uhm, que agradable calorcito emana.

—¿Hay alguien? —grito instintiva y repetidamente.

—Silencio —oigo una voz grabe y potente —. Soy Belcebú, el señor del Abismo.

—Oh un honor conocerle, señor.

—No me llames señor, estúpido mortal —se enoja.

—¿Y cómo te llamo?

—Calla y atiende —resuena su voz —. Voy a encomendarte una tarea. Verás, tienes que encontrar el botijo de las mil almas perdidas, originariamente llamado, las mil almas benditas. Pues verás, se encuentra en la Tierra Madre. Allí donde la vida del planeta empezó. Hasta que, en el descenso, lo destruí todo —ríe malvadamente, no entiendo porque se ríe de eso ni porque me da tanta explicación, en fin… —Luego me echaron de la Tierra Madre, pero tranquilo, que volví —vuelve a reír —. Es mi segundo ascenso y sigo buscando el maldito botijo.

—¿Y donde entro yo en toda esta tarea?

—Calla y atiende —repite —. He oído que eres el mejor explorador, todo el mundo te conoce y habla de tus hazañas. Así que tu vas a ir a por el botijo y me lo traerás al cementerio, donde estaré esperándote. No tardes. No puedo aguantar mucho tiempo en la Tierra Madre. Mi lugar natural es el Abismo.

—Esa tarea parece muy peligrosa.

—He estado también escuchando tus plegarias, las que siempre han sido ignoradas. Puedo hacerlas verdad.

—¿De verdad? ¿Cuál de todas? Suelo pedir muchas cosas — esto me empieza a interesar, escuchemos bien a Belc.

—La inmortalidad.

Me levanto de un salto al oír la palabra que para mis oídos suena a gloria.

—Si, puede que sea un buen trato. —digo.

Una silueta con un halo rojo aparece ante mí y me da un cachete en el culo. ¿Pero qué?

—Trato sellado. —dice tan seriamente que me hace estremecerme del miedo.

¿Qué mierdas le ha hecho a mi culo? Noto un ardorcito.

—Vale, necesitaré a mi equipo de trabajo.

—Eso es cosa tuya —interrumpe.

—También necesitaré u…

—Cosa tuya —insiste.

—¿Dónde estoy y dónde está Kert? —empecemos a centrarnos.

—¿Quién?

—Mi compañero, la pantera —¿enserio será el señor del Abismo?

—Ah ese. Muerto. Molestaba.

¿¿¿Pero qué??? ¿Qué me ha matado a Kert? ¿Qué dice?

—El trato está sellado, no puedes modificar las condiciones.

Pero que trampas son estas. No es justo. Como se nota que es superior a mí, debería enseñarme sus trucos. Bueno… Ya se lo pediré otro día. Ahora a encontrar el cuerpo de Kert y resucitarlo. No voy a seguir sin él. ¿Quién haría el trabajo sucio sino?

Remuevo cielo y tierra, aunque no literalmente. Simplemente, pongo en marcha mis contactos y tiro de los hilos que tengo a mano. Objetivo: resurrección.

No me es muy difícil encontrar el cuerpo de Kert, con una espada infernal atravesada en su costado. Lo que sí es difícil es moverlo. Por suerte, he hablado antes con Naxen, una buena guerrera que por dos duros hace lo que le pidas sin quejas. Le mando mover el cuerpo hasta el templo más cercano del feudo de las bestias de Aldona. Mientras hago a Bethin llamar a un buen chamán. Un altar y un chamán es la fórmula necesaria para conseguir mi resurrección. Y desembolsar una gran cantidad de dinero. Me va a costar caro, sí. Igual debería buscar otra pantera, jaja.

Centrémonos. Tenemos a Kert en el altar más grande de Aldona. Tenemos al chamán más popular que Bethin ha podido conseguir con tan poco tiempo. El tiempo es terriblemente importante en los casos de las resurrecciones, para que se completen satisfactoriamente es necesario que el cuerpo no se haya enfriado mucho. Y ya he perdido mucho tiempo.

Olot, el chamán, llega al templo. Observo nervioso como el chamán como saca su cetro. Está siendo terriblemente lento. ¡Que se de prisa en despertarlo que le espera mucho trabajo!

Bases del origireto:

La pluma azul de Katty
Solo un capítulo más       

Objetivo usado en el relato:

24. Utiliza una de las dos imágenes sugeridas para basar tu relato en ella. (Las imágenes son originales de @Musajue, no las uséis para otras cosas sin permiso, por favor)

Objetos usados:

1.Una espada

35. Una bicicleta