El ángel había desaparecido, dejándonos a la nueva, inconsciente, en el suelo. Miro a Kert y Naxen sin saber muy bien que decir. Esto no iba con mi plan…

—Niyati —grita Kert, con excesivo dramatismo cuando todo el espectáculo de luces ya ha terminado.

—Déjala, debería descansar —sentencia Naxen mirando a Mihu restregar su cabeza contra el cuerpo en el suelo de Niyati.

—Así es, ha hecho un gran esfuerzo, Kert. Ahora deberíamos dejar que se recupere. Por si acaso ve a por Olot. Es la mejor ayuda que podemos obtener por aquí —les comento, porque sí, me preocupa la chica. Es muy joven para dejarla aquí tirada a su suerte. Y es mejor asegurarnos de que va a sobrevivir a esto, que tiene toda la pinta pero no quiero un titular relacionándome con una muerte en mis viajes. Bajaría mi fama…

Por eso, mando a Kert a por Glot, un chamán de la tierra de los Orcos. Y nos pide que llevemos a Niyati a su hogar. Por lo visto, vive en un agujero en la montaña, acondicionado para vivir. No para vivir cualquiera, pero para un trasgo como él basta. La cueva tenía unos abalorios de lo más coloridos y exóticos. Algunos de ellos no los he visto nunca antes.

Estoy embobado mirando un cuerno de extraño color anaranjado fluorescente, cuando Naxen rompe el silencio:

—Bueno, Dragtar, el dinero de la misión.

—Pero si no la habéis completado —¿me toma por tonto?

—El botijo lo hemos llevado al cementerio. La misión está completada.

—¿Por eso ahora corro peligro de muerte? ¿Por haber completado la misión perfectamente?

—Eso me da igual.

—Pues a mí no —me cruzo de brazos.

—Compañeros —interrumpe Kert —creo que está despertando.

Rápidamente nos giramos en dirección a Niyati.

—¿Pero qué dices? Sigue igual —me quejo.

Naxen deja salir un soplido de desesperación.

—Es que no me gusta veros discutir… —responde Kert, con la cola baja.

Menos mal que ha vuelto Olot, porque sino se iba a enterar Kert… Encima, está misión está siendo todo pérdidas: la resurrección de Kert, la enemistad con Belc y el despertar de Niyati. Me iba a costar caro y no solo por el dinero.  Más nos valía huir lejos de allí.

El chamán hace sus rituales y Niyati termina por despertar. Asustada, pobre. ¿Qué digo pobre? Me estoy ablandando demasiado… Le pago a Naxen. A Niyati le resto los gastos médicos. No soy una organización de caridad. Esto se paga por misión y no incluía seguro de vida en el trato. Así que… Obviamente, recibo sus quejas. Creo que quiere marcharse con el dinero a otra parte.

—Pues me buscaré la vida sin ti. —dice Niyati enfadada.

—De eso nada, por tu gracia estoy enemistado con Belc y, por tanto, estás en deuda conmigo.

—¿Qué deuda? Si casi muero por salvar a todos.

—Será mejor que os marchéis de La’Cand. Marchaos lejos, marchaos… —habla el chamán con el tono de un viejo chocho haciendo gestos con las manos.

—Olot tiene razón, vayamos a mi embarcación y marchemos.

Y siguen las quejas de todos, pero al final me siguen. Como siempre, en verdad.

Tras unos días de viaje, llegamos a mi embarcación. Una caravela llamada “el dragón volador”. Rápida como ninguna, me lleva a cualquier tierra de este mundo en un cerrar y abrir de ojos. Cuando llegamos, le pago al guardián lo pertinente.

—Dragtar, déjame ir contigo esta vez… lo prometiste —dice Ren, una joven semiorco con la que suelo contactar cada vez que vengo por estas tierras —ya no soporto seguir aquí, la situación ya sabes cuál es.

—No recuerdo ese trato  —me hago un poco el loco, sí. Ren es demasiado torpe con la gente. Seguro que nos mete en problemas.

—Venga, “el dragón volador” está entero, tal y como lo dejaste. He hecho un buen trabajo…

Me paro a inspeccionar la carabela al detalle. Y finalmente cedo, por la insistencia de Ren y porque Kert se ha puesto de su parte. Como siempre hace, sabes.  Ren da saltos de alegría, a los que se une Kert también. Niyati mira enojada, ya puede ir pasándosele el enfado porque de mi lado no va a escapar.  Ya me las apañaré yo para que eso no ocurra.

La verdad es que formamos un grupo raro de cojones. La chica del agua, la guerrera elfa, el hombre-pantera, un semiorco y un animal que cambia de forma cuando le da la gana… Pensándolo bien… Los raros son estos dos nuevos: Niyati y Mihu. Son realmente especiales, dan caché a mi grupo.

Nos ponemos en rumbo a la península de Tygro, exactamente al pueblo costero de Malagran, donde está mi hogar. A la mañana siguiente, todos parecen de mejor humor pero el tiempo no parece acompañar. Tanto es que pasadas unas horas los nubarrones se convierten en tormenta. Trato de mantener el rumbo con la ayuda de Ren, pero no queda otra que ir a Daür. Una isla que nos pillaba de paso pero que poco había explorado de ella en mi vida. Y tampoco estaba demasiado documentada.

Con bastante dificultad, atracamos en Daür. Una estatua enorme de piedra anuncia donde empieza la tierra. Echamos el ancla y ahora tengo que decidir si nos quedamos en el barco o salimos a explorar. Es una buena oportunidad realmente, si poca gente se ha adentrado en esta isla puede contener alguna sorpresa.

—Venga, vayamos a refugiarnos a la isla.

Con el caos causado por la tormenta, ha sido fácil convencerlos de ir. Mira que les gusta quejarse de todo de normal.

Bajamos y no tardamos en encontrar un poblado abandonado en un claro del bosque no muy lejano de la costa y de la estatua de piedra. Entramos en la casita más grande para refugiarnos.  Dentro apenas hay nada, un armario con apenas unos recipientes de cerámica y unas botellas de alcohol. Cojo la botella de ron.

—¿Qué haces? Deja eso, no es nuestro —dice Niyati.

—Lo necesito más que ellos, seguro —respondo y Niyati rueda los ojos de desesperación.

La tormenta va desapareciendo, a la vez que lo hace el contenido de la botella de ron. Y no por mí, que al final me he quedado con más bien poca parte. Hay que ver Niyati como traga alcohol. Hasta Mihu me ha robado algun trago de la botella, al rato ha empezado a hacer piruetas por la casita y se ha convertido en una especie de topo verde azulado de piel clara. Mucho más pequeño que su forma anterior. ¿Se puede saber cuántas formas tiene este bichejo?

Empezamos a escuchar ruido que se acerca, como unos quejidos de gente.

—Kert, mira a ver que es —ordeno.

 —Eh… venid a ver esto.

Nos acercamos todos a la puerta y vemos unos zombis tribales acercarse.

—Hola, estamos aquí personas tristes… hola… —empieza a llamarles Niyati en su estado de embriaguez.

—¡Qué haces loca! —empujo a Niyati hacia dentro, cerrándole la boca con mi mano.

Pero la ondina empieza a defenderse y se pone violenta. Naxen me ayuda a reducirla pero se le une Mihu a defenderla. Así que llamo a Ren y Kert.





Bases del origireto:

La pluma azul de Katty
Solo un capítulo más       

Objetivos:

2. Crea un relato en el que aparezcan zombis.

Objetos:

19. Una botella de ron.

36. Una estatua de piedra.