Me siento en mi despacho de mi casa, en mi hogar de Malagran. Abro la lista una vez más y señalo el primer nombre de la lista.

—¡Ésta! —le indico a Jurso —ya sabes que hacer.

—Sí, señor Dragtar —responde y se va tras realizar una reverencia.

—Y avísame enseguida —se gira a mirarme, asiente con la cabeza y sigue su camino.

El día pasa con normalidad, solo casi llegando a la noche, es cuando vuelve con la información.

—Tendrás que ir hasta Yewos, como imaginábamos —me dice.

—Bueno, ya contaba con ello.

—Se encuentra en la capital.

—De acuerdo, prepara a Yuhi. Partiré al amanecer.

Cuando sale el sol, Jurso viene a despertarme. Trato de no despertar a quien yace en mi cama. Esta misión es para mí solo. Vuelvo a repasar la información que me ha dado, esperando encontrar algo entre líneas que no me hubiera dado cuenta ayer.

Jurso había preparado a Yuhi, tal y como le había encomendado. Me esperaban ambos frente al portalón de mi hogar. Me despido de Jurso haciendo un gesto con la  mano y monto mi grifo quien parece más despierto que yo, por suerte.

Mientras volamos, repaso la estrategia y el discurso. Es de suma importancia conseguir una al propósito. Para ello deberé ser astuto y sensible.

Paramos en Rohton, la capital de Charia, ya que nos pilla a mitad camino. Y ya llevamos tiempo volando. Allí hago noche en la casa de una amiga, conocida relativamente reciente, Lady. Aprovecho para que me ponga a las novedades de sus estudios. Sigue obsesionada con el tema de Adalari.

Toda investigación sobre esa isla cae en saco roto. Ella vive para y por ella, aunque no dice que no a hacer otras investigaciones paralelas. Pero bueno, cosas que no vienen a cuento ahora.

Cuando le pregunto por nuestros asuntos, responde de forma mucho menos apasionada de lo habitual. Se nota cuál es su tema favorito. El tema ya mencionado y que paso de volver a mencionar.

Nada importante, al final. Así que sigo el camino con Yuhi.

Llegamos a Yewos y empiezo por ir a ver a Ghult. Un elfo arrugado, con más arrugas de lo que cabría esperar. Tras una charla con él, descubro donde encontrarla. En una residencia hospitalaria.

—Ten cuidado con esa chica, no duda en usar su espada. Piensa que una persona desesperada, es el doble de peligrosa e impredecible.

—Lo sé, Ghult. Por eso, haré el trabajo yo mismo. No quiero fallos esta vez.

—Suerte, amigo —se despide el elfo con su voz rasgada.

Pues allá que voy. Dejo a Yuhi con mi amigo, para tomar el camino al sanatorio. Un centro de cuidados especializado en enfermedades contagiosas. Allá donde van los leprosos, los enfermos de la hicta (unas fiebres extranjeras) y demás enfermedades peligrosas. Es un sitio con muy buena fama, sus curas son reconocidas en todo el mundo. Y todo eso tiene un precio, obviamente.

Me acerco a la puerta y me identifico como Dragtar Enfin, hijo del señor de Malagran, seguidamente pregunto por Hundert. El segurata me escudriña de arriba abajo arrugando la nariz, mira dentro y me pide unos papeles.

—Aquí tienes —le paso un saco con unos pergaminos que había preparado la noche anterior y unas monedas de oro.

El trasgo pasa dentro con el saquito y me tiene esperando por lo que me parece una eternidad, el sol abrasador dilata el tiempo haciendo parecer que la eternidad es mucho más larga aún.

El trasgo abre la puerta y me indica que pase adentro donde me espera su jefa, una humana entrada en años de quien no puedo descifrar la expresión de su rostro.

—¿Hundert, dices? —habla la humana —sí, le recuerdo. El chavalito semielfo. Pero llegas tarde, se lo ha llevado su madre esta mañana. Aquí no se podía quedar más. Ahora vete, vete. Si ves a la elfa, dile que pague la deuda. No tiene donde esconderse, debe pagar.

—¿Dónde puedo encontrarla?

—Imagínatelo.

Tras esto me echa de allí, cerrando la puerta tras de mí.

Solo había un lugar en el que se me ocurría que pudiera estar y en el único en el que espero no encontrarla.

Voy al cementerio de Yewos, es muy diferente a los cementerios de los medianos. Está lleno de árboles y naturaleza. Ni siquiera tiene muros, por lo que no sé donde empieza ni donde acaba. Buscar a alguien aquí será difícil.

Empiezo a pasearme entre los árboles.

—Naxen —. Rompo la solemnidad del sitio ante la vista de una elfa plantando un árbolito. Ella se gira y me mira confundida y llena de lágrimas —Lo siento mucho, Naxen.

Tras darle mis condolencias, trato de hablar con ella.

—¿Qué ha pasado?

La elfa me mira observa con cara de pocos amigos mientras yo sigo haciéndole preguntas y, por lo que se ve, rompiendo el ritual que tenía entre manos. Me callo y espero a unos metros de ella.

Después de terminar el ritual de entierro. Se sienta junto al árbol y yo voy junto a ella. Me pasa en mano un cheque y un informe médico en el que distingo el nombre de su hijo y la palabra Hicta.

—¿Por qué me das esto? —pregunto.

—Me lo han dado esta mañana. No han estado cuidando de Hundert porque ha resultado ser un cheque sin fondos —sigue derramando lágrimas al pronunciar el nombre de su hijo —. Lo di todo por este cheque, todo lo que tenía. Incluso lo que no tenía. Ahora estoy bajo amenaza de muerte por el sanatorio. Es muy serio, son una mafia. Pero no me arrepiento de nada. Volvería a hacer todo eso y más por mi hijo.

La chica saca una daga y la apunta desde el cielo a su corazón. Las manos le tiemblan y los ojos están encharcados con lágrimas. Trato de convencerla de que no haga una tontería, pero apuñala su corazón.

Por suerte, las fuerzas le fallan y tan solo se hace un rasguño.

—Naxen, para —le grito —, tu hijo no quiere que te hagas daño y lo sabes.

Naxen se corta el brazo, todo lo largo que es y empieza a salir ríos de sangre, espesa y oscura. La sujeto como puedo para que no caiga, sin conseguirlo. Pero al menos no se da en la cabeza.

—Naxen, Naxen. Escucha, Naxen. No te duermas. Sigue conmigo.

Semanas tardó en recuperarse. Tras varias charlas con ella, la convencí para que siguiera con su vida. Conseguí un acuerdo con el sanatorio para que pudiera pagar a plazos, mientras trabajara para mí. A cambio, la dejarían vivir tranquila.

Bases del origireto:

La pluma azul de Katty
Solo un capítulo más  

Objetivo:

9. Utiliza un cementerio como escenario para un relato.

Objeto:

5. Cheque sin fondos

6. Un informe médico