Julián es un chico espectacular. Amable e inteligente. Sonríe con amargura en los ojos, si fuera a poner alguna pega. El pelo ya largo pero la barba recién afeitada, le da un aire de juventud. Cuando en realidad es mayor que yo.

Es tímido y no sabe hilar conversaciones, pero cuando le das un tema de conversación cambia totalmente. Mientras le conduzcas el hilo puedes ver que es elocuente y sabio. Demasiado para su edad.

—¿Qué grupos te gustan? —trata de iniciar un tema él.

—Pues… es una lista larga —suelto una risilla —, verás me gusta: BIGBANG, EXO, SHINee, BTS, Stray Kids, iKon, Winner, GOT7, …

—Si que son unos cuantos —me interrumpe —y no tengo ni idea de quienes son ninguno. Y mira que me considero un melómano.

—Y esos solo soy los de chicos, luego están: Red Velvet, GFRIEND, Twice, BLACKPINK, WJSN, CLC, …

—¡Tu lista no termina nunca! —exclama sorprendido —¿De dónde los sacas?

—Y no quiero olvidarme de los grupos mixtos… Pero no quiero aburrirte, ¿cuáles te gustan a ti?

—Pues Fall Out Boy, Imagine Dragons, The Killers, Paramore… esos son los que más escucho. Estoy seguro de que me olvido de alguno importante… Ah, sí, y XXXTENTACION también. Mi lista no es tan larga, es que los escucho en físico. Lo que daría por ir a uno de sus conciertos y olvidarme de todo —aparece una sonrisa verdadera, o quizás con un toque de melancolía — y simplemente disfrutar como si no hubiera nadie más alrededor, ver como sienten la música a través de manera performática, pero verídica, porque están transmitiendo lo que en su día vivieron y decidieron compartir con el mundo —entonces se gira hacia mí y giro la cabeza hacia delante, se ríe y continua —perdón, me enrollo mucho.

—No, no te preocupes. Me encanta escucharte —se me escapa, qué tonta soy… dios —, quiero decir que me gusta escuchar a la gente y eso, soy buena escuchando… — ¿por qué no paro de repetir escuchar? Creo que no me está llegando suficiente oxígeno al cerebro. Será un efecto de Villaredo, tendrá una anomalía en la atmosfera.

Él se limita a sonreír. No sé porque me está llevando cuesta arriba todo el rato, creo que vamos a una ermita que hay en la cima.

Cuando empieza a darme mala espina es demasiado tarde para echarme atrás.

—No irás a descuartizarme y enterrarme en un foso de la montaña —digo medio en broma, medio preocupada.

—Tranquila, te aseguro que valdrá la pena —responde con un brillo en los ojos, mirando hacia nuestra meta.

Algo me dice que debería confiar en él y acompañarle hacia la ermita. Aunque no sé que puede tener de especial una ermita vieja, le daré el beneficio de la duda.

—Ya estamos —no nos cuesta alcanzar la cima, a pesar de tratarse de un esfuerzo para el corazón tener que bombear más sangre de lo habitual.

Me quedo mirando la pequeña ermita, tratando de ver lo que tiene de especial. Él se da cuenta y me coge de los hombros dirigiéndome:

—No, no. Carmen, está a tus espaldas.

Entonces lo veo. Toda la comarca, con sus campos de oro (vale, de trigo) y sus huertos de olivos, bañados por la luz crepuscular que pinta el cielo de colores mágicos.

—Oh, Julián. Esto es precioso —quedo embobada mirando las vistas tan bellas que se muestran ante mí.

—¿Valía la pena subir?

—Sí —sigo con mi embobamiento.

—Esto es lo mejor que tiene el pueblo. Me encanta venir aquí a ver la puesta del Sol. Es como si el pasado muriera ahí abajo y aquí arriba solo hubiera esperanza. Me ayuda a ver los problemas con perspectiva, los problemas parecen menos importantes y el pasado más lejano. Tomo consciencia del ahora, de la vida —hace una pausa—. Menos los domingos, suele subir más gente a pasar el día y ya no es lo mismo…

Julián es de verdad alguien muy especial.