«Ni siquiera te conozco, ni me conoces. Pero siento una conexión contigo. No me puedes salvar, pero alivias mi dolor. No puedo confiar en ti, pero fantaseo con escaparme lejos contigo. ¿Qué se supone que debo hacer? Eres mi única salida. Una pequeña grieta en mi cárcel, por la que entran rayos de sol y sueño en salir y ser bañado por la luz de esa gran estrella. »

Se acerca el invierno y siento la soledad más que nunca. Me siento tan frágil como una hoja de árbol caída, ya marrón y secada por el otoño. Me rompo con la brisa otoñal. Me pisan, ajenos a mi dolor. Y solo pienso en terminar con todo.

      No puedo pasar un minuto más. Necesito callar las voces, los recuerdos y mis propios pensamientos. Que duelen como cuchillos afilados.

      Me tomo una pastilla tras otra. Sentado en el banco del parque mirando los niños despreocupados jugar. ¿Cuántos de ellos tendrán una vida fácil y afortunada? ¿Cuántos de ellos les espera miseria y sufrimiento?

       Me llaman al móvil, al fin. Es Donni, mi camello.