—Interesante —se pasea Lady por la habitación —. Realmente interesante.

—Venga, Lady. Qué significa todo eso. Explícanoslo de una vez —empiezo a impacientarme y parece ser que no soy el único. Niyati parece cabreada por no saber de qué va el asunto.

Habíamos oído el cantar de arriba abajo, tres veces. Lo había transcrito Jurso, palabra por palabra. El cantar de Báleran por completo había sido escrito. Y decía así:

Aquella tierra que soñamos, aquella tierra que anhelamos.

donde quedaron las ilusiones destrozadas

donde quedó la luz, un día apagada por los malvados.

Aquella tierra que un día fue hermana.

Que hoy nos espera, que hoy nos espera.

Nos espera un día, para ser su vecino.

Nos espera cada día, para ser cruzada.

Un día, separada de nosotros por el mar.

separada de nosotros por la magia.

Magia nos separa. Magia nos une.

Magia que rompe ilusiones. Magia que nos acerca a la paz.

Magia nos une. Magia nos separa.

Allí queda nuestro extranjero.

Imposible de volver a hacerlo vecino.

Solo un héroe, irá y volverá.

Con el héroe al frente, la vara real.

Domínala y te guiará.

Así lo canto el viejo Báleran, orco explorador, y así lo recito para que perdure la historia de Adalari, por siempre y para siempre, para que no caiga en el olvido. 

Obviamente era una transcripción al idioma común. Pero el original era cantado en el idioma de La’Cand. Un idioma que apenas había evolucionado con el paso de los años. Por suerte, Lady era de las mejores lingüistas. Y Báleran era un conocido orco explorador, se dice que murió envuelto en locura.

—¿Pero solo puede ir un héroe a Adalari, entonces? —corta Kert el silencio.

—No, significa que no cualquiera iría. Solo alguien que valga verdaderamente, con ansía de aventura y atrevimiento. —responde Lady.

—¿Qué crees que nos cuenta el viejo loco? —pregunto.

—Creo que nos pide que busquemos la vara real, la de la dinastía Cho. Con tus contactos en la realeza podrías conseguirla, Dragtar.

—Imposible. La vara la tiene un particular. Es posesión privada ahora. Imposible. No puede ser con la vara. Habrá que buscar otra forma. Esa vara solo tiene que garabatos. No sirve de nada —insisto en la inutilidad de buscarla.

—¡Pero puede que sea la única manera! —desespera Lady.

—Sigue examinando el cantar, veré que puedo hacer —cedo no muy convencido.

—Muchas gracias —se lanza a abrazarme, yo me la quito lo más rápidamente que puedo.

Finalmente, accedo a ir a por la vara. Además, Lady ha descubierto algo más del cantar. Extranjero significa también oeste en el idioma de los orcos. Por lo que podríamos situar a Adalari en el mar oeste. Es un avance bastante grande.

Tras discutir si deberíamos entrar o no en una propiedad privada, aunque ya no vivan en ella. Lady convence a los demás de que es necesario y que con su magia puede borrar todo rastro. No me hace mucha gracia que use la magia, aunque es difícil que alguien en Charia rastree si se ha usado magia. La que se metería en un lío al final es ella y parece dispuesta a correr el riesgo. No hemos viajado hasta aquí para nada. Ahora es mejor ir hasta el final.

Entramos por el portalón de la mansión y, como en un cuento de terror, la puerta se cierra de golpe tras nosotros. Ren se acerca a Kert asustada. Andamos en la oscuridad a la luz de la magia de Lady.

Oigo gritar a Ren. Nos giramos y se encuentra en el suelo muy asustada. Trato de calmarla para que deje de gritar, pero nos asegura de que algo la ha mirado. Lady busca por la habitación y, finalmente, encuentra un avestruz disecado de grandes ojos. Maldita Ren, se asusta por nada.

—Sigamos —ordeno.

El viejo Elburd había coleccionado de todo durante su vida. Y esta mansión abandonada era prueba de ello. Estaba llena de antigüedades, joyas y objetos de lo más variopintos.

—¿Hay más avestruces? He vuelto a sentir la mirada.

—Ren, como vuelvas a molestar te voy a…

—Yo también he sentido la mirada, enano —interrumpe mis palabras la ondina.

—Mediano —rectifico sus palabras.

—Como sea, aquí hay alguien más —insiste Niyati.

—Pues será mejor que nos demos prisa —miro a Lady.

Subimos al piso de arriba y llegamos a una sala de oro macizo, suelo de mármol blanco, grandes lámparas de araña y en el medio de la sala una estatua de mineral mágico sosteniendo una vara que reconozco como la vara real que buscamos.

—Esta bien, chicos. Esa es la vara.

—Pero Dragtar, bajo la protección del mineral no será posible cogerla. Mi magia no llega a tanto —Lady y sus quejas.

—Niyati, haz lo tuyo.

—¿Yo? Pero si yo…

—¿Es que nadie va a hacer nada?

—Hazlo tú, enano mandón. ¿Es que tenemos que hacer todo por ti?

—Mediano mandón —recrimino las palabras de Niyati y Kert como siempre disfrutando de la escena.

Naxen mientras observa la vara de cerca como si planeara la manera de sacarla. Pero vuelve a su posición como si nada. Entonces oímos una voz.

—No hay escapatoria —una risa maligna, que me resulta extrañamente familiar inunda la habitación.

Entonces levantamos la vista al techo todos simultáneamente. Hay unas inscripciones. Y muchos, muchos ojos. ¡La puerta se ha cerrado de un portazo!

—Venga genio, ¿ahora qué? —Niyati como siempre incrédula de la capacidad de mi equipo. ¡Es que no sabe que soy Dragtar Enfin, el gran explorador, afamado por conseguir todos los tesoros que quiero! Bueno, menos la vara real… Pero eso la gente no lo debe saber.

—Lady, ¿qué pone en el techo? —pregunto.

—Ehm, pone Dragtar Enfin repetidamente, en lengua abisal.  

—Pero ¿qué? ¿Abisal? —frunzo el ceño.

—Belc —decimos todos a la vez.

Se abre la puerta y una especie de novia cubierta por un velo, con un vestido de novia con raso y tul muy anticuado, bloquea la puerta. La estatúa de mineral mágico empieza a arrojar sombras.

Mi cara de desconcierto debe ser un cuadro.

—Dragtar, ¿quieres casarte conmigo? —suena una voz chillona y aguda, seguida de una risilla de esta.

—¿El gran Belcebú es este? —preguntan.

El cachete de mi culo quema donde Belc hizo el sello.

—Él… ¿lo es? —me vuelvo hacia la figura vestida de novia en la puerta.

—¿Cómo osáis dudar de mi veracidad? —suena ahora con voz grabe, enfadada. Del vestido de novia sale una gran figura demoniaca, rompiendo las costuras del vestido.

Ren grita, ya por costumbre supongo. Los demás están paralizados por el miedo y desconcierto.

Pronto la gran figura resulta en un pequeño demonio barrigón y el caos inunda el grupo, con un sinfín de quejas. Toda la sala vuelve a la normalidad, donde abunda el oro y las piedras preciosas.

            Lady hace un pequeño juego de manos y libera la vara del mineral. Éste empieza a iluminarse, con potente luz. Nadie dice nada, pero todos sabemos que es el momento de huir de ahí. Incluido el pequeño demonio.

Bases del origireto:

La pluma azul de Katty
Solo un capítulo más  

Objetivo:

Haz un relato que transcurra en una casa encantada.

Objetos:

Un avestruz disecado.

Un vestido de novia