He de decir que nunca pensé en publicar un libro hasta que escribí “La sombra del reflejo”, cuando todavía no se llamaba así y yo aún no me llamaba Érica Fortuny pero ya sabía que lo que estaba escribiendo debía ver la luz y tenía que ser compartido con el mundo.

Nunca me planteé publicar y todo el proceso que debía pasar para hacerlo ¡y menos autopublicar! Aunque siempre tuve la sensación de querer tener mis historias en forma de libro entre mis manos. Tenía yo unos 11 años cuando me planteaba al terminar alguna de esas historias inacabables, el llevarlo a una imprenta local y pedir que me lo encuadernarán. Mis amigas me decían que querían tener una copia también y me entraba el miedo a ser leída.

La idea de “La sombra del reflejo” se gestó lentamente en mí. Al crecer y ver el sufrimiento de la gente, sufrir yo misma e, incluso, ver como termina en funestos finales, como el suicidio, despertó en mi la necesidad de mandar un mensaje en mis historias. Hasta entonces eran mero desahogo del alma, evasión a mundos imaginarios (algo muy común).

Pues se trata de un mensaje de comprensión hacia los demás. Aquellos con rarezas, con comportamientos extraños, aquellos que no entendemos. Pero que al final son personas. Personas que muchas veces hacen lo que pueden, aunque no todo lo que quieren.

Con la autopublicación de “La sombra del reflejo” he aprendido mucho sobre el sector editorial pero sobretodo sobre las personas. Ha sido un proyecto en el que me he ilusionado, me he emocionado con el proceso.

El proceso de imaginar, idear, crear, producir y disfrutar del resultado, me resulta emocionante. Una emoción muy típica de los artistas y que para mí es la más bonita que tengo en la vida.

Espero en el futuro seguir disfrutando como en este último año. Y que disfrutéis creando y consumiendo arte.