Niños, extranjeros y solos en España: cuando la desprotección se multiplica 

No hay imagen que despierte más nuestra ternura y protección que la de un niño. Y más si está solo, sin un adulto que le proteja. Pero si, además, está un país que no es el suyo, donde se habla una lengua que no conoce y la cultura le resulta extraña, la desprotección es aún mayor.

Niños, extranjeros y solos en España: cuando la desprotección se multiplica por tres

Aunque me resisto a usar la palabra “MENAS”, Menores Extranjeros No Acompañados, no me queda otra que mencionarla, para que todo el mundo entienda de quiénes estoy hablando. Esta abreviatura se ha impuesto para nombrar a aquellos niños y niñas extranjeros que llegan solos a nuestro país. Un colectivo extremadamente vulnerable: niños, migrantes y solos, sin un adulto que les proteja.

¿Sabes ese tipo de niño no deseado que ansía por la atención de sus padres, por vivir, pero sus padres solo le ven como a una molestia? Un niño que nadie quiere. Un niño que llora y grita, malformado, feo y corto de mente. Sus padres no entienden porque no es como los demás niños. ¿Por qué su hijo grita en lugar de usar palabras? ¿Por qué su hijo no calla cuando se le pide? ¿Por qué no se está quieto y siempre rompe todo cuanto tiene?

Los padres intentan matarle para terminar con su sufrimiento. Sea de los padres o del niño. La cuestión es terminar con la aberración de la naturaleza: mitad bestia, mitad humano. El niño escapa a la selva para ponerse a salvo.

Y llora una vez más. Y esta vez, por primera vez, llora de tristeza. Por una vez parece entender su entorno, y el saber que nadie le quiere le causa la tristeza más natural, la tristeza por estar solo en el mundo.

En realidad, medio llora medio grita. 

Cojo la lista de Elburd. Una sensación de ilusión embarga mi cuerpo. Observo la lista de arriba abajo. Repaso los nombres varias veces, siguiendo con el dedo cada letra. El último nombre solo pone “Kert”. Sin apellidos y sin nada. 

Hablo con mi sirviente para que investigue sobre el nombre. Le pido que use todos los contactos posibles, todos los recursos que necesite. Tengo una corazonada con esta lista, y con ese nombre en concreto.

Tras investigaciones y viajes llegamos al condado de los Hulgan, en un pueblecito próximo a las montañas. Me encuentro cara a cara con él: Kert. Una pantera bípeda. Mi corazón se acelera al verle. Es… perfecto. ¿Por qué estará en la lista? Parece bueno para cualquier trabajo. 

Me presento y le cuento mi idea, formar un grupo de expedición. Pero se resiste, no parece interesarle lo más mínimo mis palabras. Le ofrezco dinero, mucho dinero. Pero su corazón ha sido roto muchas veces, en su voz no se denota el dolor. Pero mirándole a los ojos,  veo todo el sufrimiento. Es algo extraño, pero algunas veces te encuentras con gente que no se les puede comprar. Y parece ser uno de los casos. 

Paso la noche en la casa de invitados de la familia Hulgan, buenos amigos de mi familia. No puedo dejar escapar a Kert. Debe haber algo que le mueva. Y sin antes descubrirlo al menos no me iré.

—Oye, Kert. ¿Hay algo que necesites? ¿Algo que te pueda dar a cambio?

—No voy a volver a trabajar para nadie. 

—Se que en el bosque de Hulgan estas muy bien. Pero puedo darte más protección, una vida de aventuras y… —no se me ocurre como terminar la frase.

Me voy a la taberna a refrescarme o el calor seco de Hulgan terminara conmigo. 

Un humano se acerca y me pide sentarse a mi lado. Una especia de sacerdote de la orden de Ulgoris, la orden religiosa humana que sigue tradición de Ulgor el buen sacerdote. Lo sé por su collarín de plumas muy típico de estos sacerdotes, una vaga referencia a Thaxel (diosa de la protección).

—Oye, porque no dejas a la bestia. Hay muchos chavales que están deseando trabajar por unas pocas monedas de oro.

—¿Conoces a Kert? ¿Sabes que le pasó con Elburd?

—Lo mismo que le ha pasado con todos sus anteriores jefes. ¡Es una bestia torpe e inútil! Le buscan por su tamaño y su aspecto, ya debería saber todo el mundo que esa pantera no sirve para nada. Solo dame una moneda de oro y te traeré cientos de candidatos. 

—Toma la moneda y no te acerques a Kert y ni a mí.

El sacerdote cogió la moneda y desapareció de mi vista sin mediar media palabra más. Pero me había dado información muy valiosa. Así que tenía que volver a hablar con Kert.

—Kert, no te voy a abandonar nunca. 

Fue oír la palabra abandonar y la sonrisa que siempre se dibujaba en su boca desapareció. Kert da media vuelva y se dispone a marchar. Pero le sujeto por la muñeca.

—Te he dicho que no te abandonaré, nunca.

Entonces veo en sus ojos lo que en otro tiempo hubiera sido un llanto. Pero que ahora se traducía a un brillo de tristeza en el fondo de su pupila.  Algo que venía viendo desde la primera vez que lo vi.

—Tú no eres así ¿verdad? Nunca has podido ser tú mismo. 

—No sabes nada —dice muy serio.

—Ayúdame a entenderte —le suelto lentamente la muñeca.

—¿Por qué yo?

—El momento en que te vi, supe que nos necesitábamos —me produce una ternura inexplicable, pero Kert no responde, así que no hay mucho más que pueda decir —. Cuando estés dispuesto a aceptarme, aquí voy a seguir. 

Lo mejor es que me olvide de Kert. Es de esas personas que llegan a tu vida, te ilusionas y te cuesta una vida entera de olvidar. Ni siquiera entiendo por qué. Como la vara real, nunca me la sacaré de la cabeza. 

Jurso entra a la habitación anunciando un invitado. 

—¿Q-qué haces aquí? —pregunto al ver a Kert pasando dentro de la habitación. 

—Vengo a contarte todo. Después dejaré la decisión en tus manos —asiento la cabeza para que comience su historia —. Mis padres eran humanos, siempre dijeron que nací de una maldición. La verdad es que recuerdo poco de esa época. Escapé hacia el bosque donde me encontré solo, desprotegido y en un lugar extraño. Sin embargo, me sentí mejor que nunca. Crecí y me hice fuerte físicamente. Cada vez que alguien me veía, quería que trabajara para él, pero el resultado era nefasto. Y cada vez que me echaban, me daba cuenta de que no estaba hecho para trabajar en equipo. Solo me encuentro mejor. Debes saber que soy torpe, que siempre meto la pata y que no soy buen compañero de trabajo. 

Me pueden las ganas irrefrenables de abrazarle, intento contenerme, pero es imposible. Está claro que le dolía que le abandonaran, que el rechazo le entristecía. Así que le abrazo y siento sus músculos relajarse, ceder ante mí. Había estado todo el tiempo en tensión, siempre que iba a verle. Necesitaba verle en ese estado, relajado. Seguía siendo el niño desprotegido al que nadie había cuidado. 

—Vamos a trabajar juntos. 

Kert me mira fijamente y mueve su cola, tal cual haría un cachorro. Una calidez invade mi corazón al ver su reacción. Tengo un buen presentimiento.

Jurso entra agitado a la sala, un tornado se aproxima. Algo habitual en Hulgan, por lo que hay un sótano preparado para resguardarse de éstos. 

Bases del origireto:

La pluma azul de Katty
Solo un capítulo más  

Objetivo:

19. Básate en una noticia o hecho real para escribir un relato. Puedes añadir artículos o datos de informativos, pero no contarán como parte del texto.

Objetos:

15. Una pluma

17. Un tornado