Un incendio arrasó mi bosque. Tras muchos intentos de sembrar nuevos árboles vi un nuevo brote entre las cenizas. Me asusté mucho y una lágrima cayó encima de él. Lágrima tras lágrima, terminé por ahogar el brote. No estaba preparada.

Mis lágrimas hacían infértil la tierra. Aun así, seguía sembrando las semillas en la tierra. Pero mis lágrimas eran corrosivas y todo lo quemaban. El incendio había cambiado algo dentro de mí.

Dejé de enterrar las semillas y me paseé por el paraje que poco a poco se desertificaba. Los brotes seguían apareciendo… ¿para qué salir si tenían que morir con mis lágrimas? Los arranqué con mis manos desnudas. Y una espina de uno de ellos me hizo sangrar.

Maldije lo que una vez fue bosque y que ahora era una pesadilla. Lloré y pataleé, grité con todas mis fuerzas. ¿Por qué tengo que empezar de cero? Los demás tienen bosques frondosos y llenos de vida. ¿Para qué sembrar si los brotes se mueren en mi tierra? Saqué todos mis miedos afuera para que no quemaran más por dentro.

Pasó mucho tiempo hasta que volvió a salir vegetación. Me puso muy feliz ver un pequeño brote después de tanto tiempo. Cada día se hacía más grande. Salían más. Algunos morían, otros se rompían por la lluvia, pero poco a poco el bosque se empezó a regenerar.

Sentimiento del mes: Inseguridad

Organizado por Esti Gutiérrez.

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