#EstrellasDeTinta Cruce de caminos

Publicado por Érica Fortuny en

ESTRELLAS DE TINTA

Este relato no contiene TW: aviso de contenido sensible.

Adela me había convencido de pasar el verano en el bosque. En un monte, cercano a su pueblo natal, donde había una parcela con una cabaña que pertenecía a su familia.

La cabaña no era para nada lo que me pintaba ella, ni lo que estaba acostumbrada a ver yo por la televisión. Mi primera impresión fue rechazo total a pasar más de un día entero allí.

—No exageres y disfruta de la tranquilidad que aquí hay —insistía Adela.

No sabía de dónde sacaba esa tranquilidad. En una cabaña medio en ruinas, sin comodidades, sin señal ni electricidad y habitada por toda clase de insectos. Ella debía de estar en su salsa, se había criado prácticamente allí. En cambio, para mí era un sitio horroroso que me producía un estado de nervios increíble.

—¿No se respira mejor aquí? —decía.

—¿Qué ha sido ese sonido? —respondía yo, alertada por lo desconocido.

Y así su buen par de semanas, donde ella llenaba sus pulmones de tranquilidad, mientras yo llenaba mi cerebro de preocupaciones y posibles peligros.

Una oscura y larga noche montamos una hoguera, sin muchas ganas de ir a dormir. Las dos nos mirábamos sin saber que decir. Yo solo tenía quejas en mi boca, ella tenía respuesta para todas. Estaban por tocar las doce de la noche y el fuego se iba consumiendo.

—¿Por qué no te relajas? —preguntó —. ¿De verdad no puedes aprovechar la oportunidad que tenemos de vivir en este sitio un par de meses y explotar todas las posibilidades que ofrece esta experiencia única?

Cerré los ojos y respiré profundo, intentando hacer llegar a mi mente esa pregunta y reflexionar realmente sobre ello. Pero sus palabras no lograban llegar, tenía la mente a rebosar con pensamientos negativos, miedos, incertidumbre, …

—Mira, Lucia —me habló más de cerca, poniendo su mano en mis manos las cuales reposaban en mi regazo y quedando en mi campo de visión. Hice un esfuerzo por mirarla a los ojos, más fue en vano —. Sé que están siendo tiempos difíciles para ti, de verdad que si he querido que viniéramos este año y he insistido tanto es porque me duele verte encerrándote en ti misma. Cada vez que quedamos, te veo más lejos de mí pese a tu cuerpo estar a mi lado.

»Pensé que la naturaleza te ayudaría a deshacerte del estrés. Pero ya veo que me equivoqué. Mañana podemos volver si quieres.

El silencio reinó la noche. Ya no oía los animales del bosque. Ya no oía el fuego crepitar. Solo un ensordecedor silencio hacía eco en mi mente. Tomaba presencia y me bloqueaba hasta desembocar en un llanto, que estaba guardando desde mucho tiempo atrás y que me esforzaba por retener en mi interior.

Adela me abrazó en aquel momento y me suplicaba que la perdonara por llevarla allí. Repitiendo en susurros que había sido un error y tenía la culpa de todo.

Aquello me partía el corazón. Quería decirle que no se preocupara, que era la mejor amiga que una podía desear y que nada de eso era su culpa.

El llanto ahogaba mis palabras y no lograba más que tristes balbuceos. No existía consuelo posible para ninguna de las dos en ese momento. Solo una comunicación efectiva lograría derribar el muro que tanto dolor había estado provocando en nuestra amistad.

Una vez calmado el llanto, la miré y dije:

—Es mi culpa.

Rompiendo en llanto de nuevo. Ella negaba la cabeza y se echaba toda la culpa.

—Me ha engañado con otro. Mi marido, al que tanto adoro, me ha estado engañando con su mejor amigo todo este tiempo. Bueno, no eran amigos, es su pareja real. Solo soy una tapadera para la familia de su novio. ¡Cinco años de mentiras!

Rompí en llanto.

—¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó compadeciéndose. Imagino que mil flashes invadieron su cabeza y montó el puzle solita con lo que ya sabía de antes.

—Me daba vergüenza. Quería mantener su secreto. No me puedo creer que me haya casado con un farsante. Me daba cuenta de que no era el amor de su vida, que no me quería tanto como yo a él… pero creí que… no sé… que…

—No sé que quieres hacer al respecto, pero tienes mi apoyo en aquello que decidas.

En aquel momento, el agobio y todo el peso que llevaba aflojó en mi pecho. Sonreí y le agradecí ser una buena amiga.

Tenía muchas opciones para resolver aquello: seguir con la farsa, romper el matrimonio y revelar todo, incluso mantener su secreto y seguir con mi vida lejos de ellos. En este momento, lo veo muy claro y supongo que tú también. Pero era una decisión dura para mí.

A esas alturas no solo se rompe un matrimonio entre dos personas, se implica las dos familias e, incluso, amistades. Ten en cuenta que se rompía una parte muy importante de mi vida, sin poder hacer yo nada para salvarla. Y con todas las consecuencias que iba a acarrear.

Me preguntaba que había hecho para merecer algo así y como solucionarlo con el menor daño posible para todos.

Aprendí una lección muy valiosa, al ver los esfuerzos de Adela por verme mejora, sin poder lograrlo. Los demás pueden tener muy buenas intenciones, uno mismo puede tenerlas, y aún así, seguimos sin saber si vamos a acertar o errar en nuestro comportamiento. La comunicación es la clave para las buenas relaciones.

Mi amiga estaba convencida de que me iría bien el bosque, porque en su experiencia era un lugar sanador. Pero no es el bosque en sí lo que nos sana. Para ella, era el recuerdo de jugar por el lugar y ver a su familia unida.

Para mí, ese lugar ha sido Adela. Ella me ha permitido sanar y, no tanto por lo que ha hecho, porque es muy difícil adivinar que le va bien al otro si no preguntamos. Si no, porque al permanecer a mi lado y demostrarme su amor he podido abrirme a ella y avanzar. Gracias a su todo su apoyo he podido reconstruir mi vida.

Creo que hubiera sido muy difícil ver las cosas claras si me hubiera encontrado desamparada. Su comprensión, su tesón, todo lo que hemos construido durante décadas ha hecho que estemos la una para la otra, aunque haya baches en el camino.

Los baches, incluso los socavones, del camino al final forman parte de él mismo. A cada uno nos toca un camino y debemos entender que cada uno tiene unos obstáculos. Por ello, dejemos de cavar y ayudemos a avanzar.

Este relato enlaza con el microrrelato de este mismo mes, llamado Pequeños detalles.

Bases del reto:

Blog La pluma de KATTY

Otros datos

Estrellas mes: 3

Total palabras: 1096

Objetivo Relato: 5—Haz un relato sobre unas vacaciones en la cabaña del bosque.  

Objeto oculto1: 32- Las doce de la noche   

Objeto oculto2: 33- Un insecto.

Extras:

  • protagonista femenina
  • test de Bechdel
  • milpalabrista

Comentarios:

@AnniAsth – marzo (relato y microrrelato)

@MusaJue – marzo (relato)

@sinciforma – febrero (microrrelato)


4 comentarios

Isabel · abril 2, 2021 a las 3:44 am

Me ha gustado mucho. Yo sería como lucia, no disfrutaría nada pensando en los bichos que deben andar por casa esquina de la cabaña… aunque yo soy más de despotricar que de guardármelo dentro.
Muy bien llevada la historia y muy bien reflejada la amistad de ambas.
Enhorabuena.
Saludos y nos vamos leyendo.

    Érica Fortuny · abril 6, 2021 a las 3:07 pm

    Cada uno tiene sus métodos para afrontar las cosas. A la protagonista le vino bien compartirlo con su amiga, pero al final todas las opciones son válidas.

    Gracias por comentar 🙂

AniAsth · abril 3, 2021 a las 7:24 pm

Hola Érica:

Tu relato pone de manifiesto que la verdadera amistad se suele encontrar con mayor frecuencia en situaciones ya no difíciles a nivel exterior, sino interior y, obviamente, lo que es adentro es afuera.

Es cierto que no son las cosas o lugares donde se esté; nuestros fantasmas internos se ven proyectados allá donde miremos.

Por ello, el apoyo inestimable de la verdadera amistad es una planta de hermosas hojas y tallos que conviene mantener hidratada. Qué mejor que con una “buena pizza”.

Nos seguimos leyendo.
Pasa una buena tarde de sábado.

    Érica Fortuny · abril 6, 2021 a las 3:10 pm

    El relato y el microrrelato se complementan bastante bien este mes 🙂
    Muy buen análisis, subrayo todo lo dicho.

    Gracias por pasarte a leer. Nos leemos pronto ^^

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