ESTRELLAS DE TINTA

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Mi primer beso fue en un molino. Se trataba de un molino de agua donde se molía el grano de la cosecha de todo el feudo. No era un gran molino, pero resultaba muy práctico. Aguantaba el paso del tiempo gracias al buen mantenimiento de su señor.

Su señor era mayor, pero muy mayor. Nadie adivinaría su edad de bien cuidado que estaba. Se cuidaba tanto él como el molino con mucho mimo. Y nunca faltaba a ninguno de sus cuidados. Era un hombre viudo de una educación rígida. Pero esta historia no trata del dueño del molino, si no, de mi primer beso y de como cambió mi existencia. ¿Te conté que fue con un ser mortal? Él me amó profundamente. Yo no.

No es que odiara al chico, es que no era mi tipo. Ya sabes, yo tan divino y él tan humano, tan poco glamuroso. Solo porque soy el más guapo de la zona, único en mi especie, debí atraerle desde el primer momento.

Desde el primer momento yo quería besarle. En cuanto sucedió supe que iba a ser mío para siempre y le tendría a mi merced. Me daba muchas cosas ricas para llenar mi tripa y me llevaba a descubrir lugares maravillosos. Sin embargo, era demasiado celoso.

Los celos no son buenos. No, no. Los celos enloquecen a los humanos. «¿Dónde has estado? ¿Por qué hace días que no vienes?». Solo un par de carantoñas y le tenía contento de nuevo. Lástima que fueran perdiendo su efecto con el paso del tiempo.

El tiempo tiene esas cosas: cambia la forma de ser de la gente, cambia a la gente, cambia el mundo y cambia todo.

Todo lo que necesito es cambiar yo también. Estoy aburrido de ser inmortal. ¿No basta una vida? ¿Para qué vivir tantas? A veces me pregunto como se vive sabiendo que todo va a terminar en algún momento. ¿Con más respeto? ¿Con más intensidad? Simplemente, no lo puedo saber.

Sé que los mortales nacen así y los inmortales nacen ya así también. Es como querer saber que hay tras la muerte. Los muertos ya no vuelven a vivir, como los vivos solo mueren una vez. Su cuerpo solo se puede apagar en una ocasión.

Hay ocasiones en que me alegro de ser yo. No tengo tan mala vida. La gente me adora y los animales me respetan.

Respeté que mi mortal hiciera su vida al margen de mí. Seguía siendo mío y yo lo sabía, me adoraba y su cuerpo reaccionaba entero con solo verme, pero necesitaba otro mortal a su lado para no enloquecer. La locura de amar lo imposible.

Hubiera dado por imposible hacer su vida con un ser divino e inmortal. El cual le encantaba visitar, un mero humano que no entendía ni una pequeña parte de lo que era el Universo y de lo que era estar vivo.

Vivir así parece triste. Por eso es complicado no terminar enloqueciendo. Puede que enloquecerá yo con aquel primer beso. Me cambió entero y él solo siguió con su vida. ¿Cuánto dejamos de marca en el otro realmente? La realidad es subjetiva y muere más rápido de lo que lo hacen sus dueños. No podemos adueñarnos de nada en este mundo. Eso solo genera problemas y muy graves. Como aquel primer beso.

Mi primer beso fue fugaz como un estornudo. Tan dulce y suave, mi primer contacto directo con un mortal. La realidad de ese beso empezó y terminó en ese instante. Yo estaba destinado a vivir una eternidad. Sin embargo, se me despojó de ella y mi vida cambió. Ya no habría más molinos, ni oiría el agua correr río abajo, ni vería a mi humano sonreír y disfrutar de solo verme. No ahumaría más pescados para mí, no me volvería a tocar, no había más besos. Al menos no en este universo, no para mí.

Me empecé a encontrar indefenso y temeroso de todo lo que había a mi alrededor. Mi humano dejó de venir a verme, había perdido mi encanto. Ya nadie iba a venerarme. Solo era un mortal envejecido y feo. Adiós a mi juventud.

Un joven vino al molino, me acerqué instintivamente al oler la comida que consigo traía. Me alimentó y me miró con pena. Yo también estuve apenado de no poder agradecerle con mi gracia divina su favor. Al verme comer sonrío y me preguntó si me parecía rica la comida. Maullé y eso le hizo feliz. Decidió llevarme a su casa donde había muchos humanos y rica carne de ratón para cazar. Me había convertido en un gato común y doméstico.

Me había domesticado el recuerdo de un beso. Un recuerdo que arrebató la inmortalidad de mi ser para convertirse en una huella inmortal dentro de mí. No habría nada que revirtiese la maldición, o quizás bendición, de vivir cortamente con un recuerdo tan magnífico pegado a mi mente.

Me mentalicé de que iba a morir sin volver a tener ese beso. Hubo otros besos, pero nunca serían mi primer beso del molino y había aceptado que así fuera. Si se pudiera repetir, no podría ser tan especial. Solo sería un beso más. Igual pasa con la vida, tener una sola vida la hace más especial que tener siete vidas. Así que en mi séptima oportunidad quedó roto el ciclo y moriría de verdad por primera y última vez.

Mi último aliento fue en una casa calentita caldeada por la hoguera de leña, rodeado de humanos que me amaban y cuidaban. Me tapaban con mantas y me ponían platitos de leche o sopa para que mi estómago no rugiera. Los músculos no se decidían a obedecer a las órdenes de mi cuerpo. La familia se percató de que estaba en mis últimas. Uno por uno, se despidieron de mí agradeciéndome haber compartido experiencias con ellos. Pensé en cuánta suerte había tenido en mi vida. Y todo lo que habían hecho en este mundo por mí.

Mi último recuerdo fue el chico del molino. Sin beso. Solo él.

Bases del reto:

Blog La pluma de KATTY

Otros datos

Estrellas mes: 3

Total palabras: 1004

Objetivo Relato: 11—Haz un relato que trate la inmortalidad (trama, personajes, búsqueda).

Objeto oculto1: 8- Un estornudo  

Objeto oculto2: 29- Un molino

Extras:

  • milpalabrista

Comentarios:

  • Isefran: relato y microrrelato de marzo
  • Sinciforma: relato y microrrelato de abril
  • AniAsth: relato y microrrelato de abril

 AVISO DE CONTENIDO SENSIBLE 

  • Este relato habla de la muerte